Descripción de la ruta
Nuestra aventura comienza en el pintoresco pueblo de Riolago, donde el Palacio de los Quiñones se alza majestuosamente. Este edificio de arquitectura civil, construido en el siglo XVI y restaurado con esmero en 2010, es un testigo silencioso de la historia en la montaña occidental de León.
El sendero se despliega ante nosotros, invitándonos a explorar. Partimos en dirección sur-suroeste, siguiendo el curso del río. Una pista forestal nos guía durante aproximadamente 4 kilómetros. En este tramo, si prestamos atención, podemos escuchar el rugir del agua al caer en el Pozo de la Fervienza, un lugar mágico y escondido en la Reserva de la Biosfera de Babia.
Las leyendas susurran en cada hoja de los árboles. Cuentan que en este rincón, un cura perdió la vida al despeñarse mientras descendía de la ermita de San Bartolo, donde se celebraba su fiesta anual. Como un tributo a su memoria, los viajeros comenzaron a atar nudos en las escobas (Cytisus scoparius) que crecen en la zona. Esta antigua costumbre persiste hasta hoy, recordándonos la fragilidad de la vida y la conexión entre el pasado y el presente.
El sendero cruza el río mediante un puente, y unos 700 metros más arriba, nos encontramos con la maravillosa Cascada de San Bartolo. Sus aguas caen con una altura de unos 20 metros, creando un espectáculo natural que nos deja sin aliento. Desde aquí, el camino se desvanece, y debemos seguir pequeñas sendas junto al arroyo que desciende del Lago del Chao.
Continuamos por la margen derecha del arroyo, y finalmente llegamos al Lago del Chao. En su centro, una isleta cubierta de vegetación añade un toque de misterio. Este lago, rodeado por las altas cumbres del pico Cuetalbo y la majestuosa Peña Orniz, es un remanso de serenidad en medio de la naturaleza salvaje. Aquí brotan las fuentes de mayor altitud del Sil, alimentando la tierra y nuestros sueños.
El regreso a Riolago nos lleva por la margen izquierda del río Sil, siguiendo su curso aguas abajo. Pero antes de despedirnos, ascendemos a la collada de La Cueña, desde donde contemplamos una de las vistas más espectaculares del valle de Tremeo, con el imponente pico Montigüero (con sus 2.187 metros de altitud) y la tranquila Laguna de las Verdes.
Que cada paso en este camino sea un tributo a la naturaleza, a la historia y a la magia que nos rodea.





